La cadena de medialunas Atalaya experimentó un giro estratégico significativo en los últimos tiempos. Sus locales tradicionales en rutas nacionales, durante décadas el corazón del negocio, fueron superados en performance por su operación en Aeroparque, donde el tráfico internacional de pasajeros generó un volumen de ventas sin precedentes.
Este cambio no es menor. Aeroparque se convirtió en la sucursal de mejor desempeño de toda la cadena, marcando un quiebre con la identidad histórica de Atalaya como negocio de ruta. El fenómeno obedece al crecimiento explosivo de viajeros que circulan por el aeropuerto metropolitano, un público con alto poder de compra y disponibilidad para consumir productos de calidad.
Frente a este éxito comprobado, la dirección de la empresa decidió expandir la presencia en aeropuertos. El siguiente movimiento es desembarcar en Ezeiza con un nuevo local, replicando la fórmula ganadora que funcionó en Aeroparque.
Ezeiza, como principal terminal de vuelos internacionales del país, representa un potencial comercial aún mayor. La concentración de pasajeros nacionales e internacionales, las escalas prolongadas y la disposición de consumo de viajeros en tránsito son factores que hacen atractivo este mercado para Atalaya.
La expansión aeroportuaria de Atalaya ejemplifica cómo las empresas tradicionales se adaptan a nuevas dinámicas de consumo. El negocio de las medialunas, producto clásico de la gastronomía viajera argentina, encuentra en los espacios aéreos una oportunidad de crecimiento mucho más rentable que la geografía terrestre.
Para la compañía, esta estrategia implica una reconfiguración de su modelo de negocios. Significa invertir en infraestructura aeroportuaria, ajustar procesos logísticos para aeropuertos y apostar a un público diferente, aunque con gustos similares por el producto que Atalaya ha perfeccionado durante años.
Imagen: Asad Ansari / Pexels – Con informacion de El Cronista





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