Los cambios en la alimentación constituyen el punto de partida en el tratamiento del colesterol elevado, pero en numerosos casos requieren complementación farmacológica. Esta fue la principal idea que Tartaglione transmitió durante su intervención en LN+, donde se refirió específicamente a las estatinas como medicamento clave.

El colesterol alto representa un factor de riesgo importante para la salud del sistema cardiovascular. Aunque ciertos ajustes dietéticos pueden incidir positivamente en sus niveles, muchos pacientes presentan limitaciones para alcanzar valores óptimos mediante este abordaje exclusivamente.

Es en este contexto donde cobran relevancia las estatinas, fármacos que intervienen directamente en los procesos metabólicos relacionados con el colesterol. Su administración permite que personas con factores de riesgo genéticos o metabólicos particulares logren controlar esta condición de manera efectiva.

Tartaglione subrayó el valor del monitoreo continuo a través de análisis de laboratorio. Estos estudios permiten verificar que los niveles de colesterol se mantengan dentro de los rangos considerados seguros y facilitan ajustes en el tratamiento si resulta necesario.

Más allá de su efecto sobre los números del colesterol, las estatinas contribuyen de manera comprobada a la reducción de riesgos cardiovasculares. Su uso se vincula con menores tasas de infarto, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones graves del sistema circulatorio.

El especialista enfatizó que el enfoque más efectivo requiere integración: mantener una dieta saludable, realizar actividad física regularmente e incorporar medicación cuando el cuadro clínico lo justifique. Esta combinación estratégica optimiza los resultados y proporciona protección cardiovascular duradera.

Imagen: Tima Miroshnichenko / Pexels – Con informacion de La Nación

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