Según Clarín, Claudio Uberti cobraba una cuota mensual a las concesionarias viales desde el OCCOVI para mantener los contratos. Los bolsos con el efectivo recaudado eran trasladados y entregados directamente a la familia presidencial en la Quinta de Olivos o en Juncal.
Una investigación periodística publicada por Clarín expuso con nuevos detalles el funcionamiento de «la camarita», uno de los engranajes financieros más aceitados dentro de la causa de los Cuadernos de las Coimas. Se trata de un circuito ilegal montado desde el Estado que, según la reconstrucción judicial, logró recaudar 30 millones de dólares en sobornos provenientes de las empresas concesionarias de peajes y corredores viales, fondos que tenían como destino final a la familia Kirchner.
El esquema operaba bajo la órbita del Órgano de Control de Concesiones Viales (OCCOVI), dirigido entonces por Claudio Uberti. Según la información revelada, el mecanismo de recaudación era sistemático y vertical: los empresarios del sector debían abonar una «cuota» mensual fija en dólares para evitar multas, sanciones administrativas o la rescisión de sus contratos. Esta presión estatal transformó al organismo de control en una herramienta de extorsión utilizada para garantizar el flujo constante de caja negra.
El dinero recolectado por Uberti no quedaba en mandos medios. La investigación señala que los bolsos con efectivo eran trasladados directamente a los domicilios privados de los exmandatarios. Según consta en el expediente y detalla el medio, las entregas se realizaban en la Quinta de Olivos o en el departamento de la calle Juncal, donde los fondos eran recibidos personalmente por Néstor Kirchner, consolidando una maniobra de enriquecimiento ilícito a costa de la obra pública vial.



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